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La noche del condenado. Francisca Gata Amate. Ediciones Vitrubio

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Tengo por libertad estas cadenas.

Tengo por libertad que tengo nudos

y un ancla ya oxidada para mi barco.

No hay otros cielos ni tierras, ni el espacio

reservado a todo hombre, ni el ángulo vital

de toda araña.

Llegado a este punto ni rezo ni comulgo

con la boca más blanca y más sedienta.

Rompo mis alas y desgasto mi tiempo.

Renuncio.

La gloria de vivir es un fruto podrido,

reducida a una apuesta con esos yacientes

que brindan por la noche con veneno.

No deseo los sueños ni este pálpito indigno

de saberme feliz si un pájaro

se acerca a defenderme, a traerme del viento

la garganta que aúlla y que refresca. No deseo

este absurdo que se complace en risas y en danzas

solitarias. Traicionado

me siento pues me ha crecido hierba en la mirada

y he de fingir que reniego del placer. Y he de llorar

sin alma y sin tristeza, con máscara de dolor

porque no duele.

Te apuesto mis recuerdos por tu ataúd sembrado

boca abajo, adentro, muy adentro,

sin salida, sin saliva, sin auxilio. Muy adentro.

De espaldas a la cruz

y a todas las montañas y a todos los caminos

y los ríos,

esos ríos que van sin detenerse,

desbordados de vida y de sangre

y de esperanzas.

Te apuesto mi estúpida pasión de payaso

fatigado,

con un destino muerto que no muere,

fantasma que a su pesar se rinde a la belleza. 

17/01/2016 20:02 franciscagataamate Enlace permanente. sin tema

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