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Francisca Gata Amate, escritora.

Libre con libros. (Blog de Manuel Pecellín)

Libre con libros. (Blog de Manuel Pecellín)

HOMENAJE A LAS POETAS

 “Tienes en tus manos un libro homenaje a esas mujeres poetase en español que, a comienzos del siglo XX, …prendidas de las palabras, movidas por una pasión, cultas y bien preparadas, decidieron ser poetas cuando ser mujer y hacer poesía era una mera excepción”.

Así abre Teresa Zataraín la presentación de este volumen, lujosamente editado, en que Raquel Lanseros, Marisa López y Francisca Gata entregan sus versos para honrar a las creadoras (21) que cada una de ellas más admira o le han asignado. La última, natural de Monesterio (Badajoz), aunque reside en Albacete, le dedica un poema a cada una de estas escritoras: Alfonsina Storni (1892-1938), Concha Méndez (1898-1986), Delmira Agustini (1886-1914), Elena Martín Vivaldi (1907-1998), Olga Orozco (1920-1999), Rosa Chacel (1898-1994) y Violeta Parra (1917-1967).

Gata, que también cultiva la novela, es autora de excelentes poemarios, como La celda del mar, Desterrados o creación (sobre la pintura de Eduardo Naranjo), El felino dormido (Premio Paul Beckett) y Despiece de la infancia (Premio Ciudad de Ronda). En Ellas vuelan va manteniendo diálogo con mujeres de extraordinaria personalidad, excelentemente formadas, de espíritu libre, que abrirían nuevos caminos para tantas otras.

La suizoargentina A. Storni, a la que Mercedes Sosa dedicase canción capaz de conmovernos (¡cómo la interpretaban Fernanda y Benito Estrella durante aquellas inolvidables Escuelas de Verano de Extremadura!) recibe toda la cálida solidaridad de Gata. Déjame que te alivie/la pena, Alfonsina, esa tristeza azul/que te aprisiona/déjame regalarte luz del día,/ese latido de oro, el pétalo de risa en nuestros ojos…

La madrileña Concha Méndez formó parte de la Generación del 27. Novia en su día de Luis Buñuel, esposa luego de Manuel Altolaguirre, con quien compartió exilio tras la guerra civil, Gata le confiesa simpatías comunes y le pregunta: ¿Qué hacer cuando en tu cabeza hay otro mundo/, uno lleno de poesía?, para confesarle a continuación: Mis sesos son de poeta,/una especie de condena, o un regalo/quién sabe,/aquí un camino, una ciudad en el tiempo detenida,/una rama de abedul,/la inmensa voz del amor,/la libertad que me guía como el aire.

A la uruguaya Delmira Agustini un exmarido la asesinó en plena juventud. Era ya figura reconocida dentro del Modernismo. Qué hubo de aquel caballero azul evocado en su entrega adolescente El libro blanco, donde ya renegaba del recato como obligación femenina, se cuestiona su admiradora extremeña.

La vinculación de E. Martín Vivaldi con Granada, donde vino al mundo y fallecería, se mantuvo indefectible. Su padre fue el primer alcalde republicano de la ciudad. Cuentan que la autora, licenciada en Filología, al morir tenía sobre la mesa un libro de Virginia Woolf. La luna busca cuerpo,/¿no lo sabes, Elena?,/tu cuerpo es casi mío, lo siento igual que el alma,/que mis ojos, no pienses en huir/con un silencio, te ofrezco soledad de amarte solo.

Nacida en la Pampa, O. Orozco llegaría a obtener el Premio Nacional de Poesía de su país, donde se la tiene por una de las voces más originales. Adepta del surrealismo, cultivó otras muchas facetas artísticas (actriz de teatro, directora de publicaciones,

locutora). Olga, Olga, la voz del viento re reclama,/entretenida tú en deshacer estrellas/, en tus ojos,/refugiada en las palabras/noche, pájaro, eclipse, sombra.

De R. Chacel, esposa del pintor extremeño T. Pérez Rubio, suele ocultarse la creación poética, solapada por la novelística, aunque su libro de sonetos A la orilla de un poco apareció (1936) con prólogo de Juan R. Jiménez. Su segundo poemario, Versos prohibidos, es el que aquí se evoca.

También con la chilena V. Parra en su faceta como cantautora pudo solaparse la creación lírica. Canta Violeta tu acorde por los más/necesitados, por los que no tienen sueños,/por los que viven soñando/sin concha de caracol/para ellos, siempre ellos, sugiere la autora a la prematura suicida.

 

Cada uno de los poemas del libro se ilustra con dibujos alegóricos de Mónica Gutiérrez Serna.

 

Francisca Gata y otras, Ellas vuelan. Homenaje a las poetas pioneras del siglo XX en español. Vigo, Creotz Ediciones, 2021.

Ellas vuelan

Ellas vuelan

ROSA CHACEL

De Francisca Gata Amate (Ellas vuelan. Ed. Creotz)

Y caerán las bombas
y será el inferno y será de día
cuando sea de noche,
unas palabritas en papel ahumado,
palabras de Rosa, de sabia que sabe,
que siente, que nos abre puertas,
y después las cierra con mucho cuidado,
no se escape el mar, la luz, los instantes
que fueron amor,
palabras de Rosa,
memorias, recuerdos, que no se le olvida
de entregar las llaves de esta ciudad
que vuela, que es aire,
silencio y estruendo,
el mundo está loco,
loco están los perros
y los autobuses y las bibliotecas
y esos niños grandes,
quien más y quien menos escribe del miedo,
de un ratito al sol, muchos, a esconderse,
como un juego triste,
se durmió la luna, la luna no sale,
palabras de Rosa, bellas artes tiene,
¿son Versos Prohibidos?,
¿alguien vio a esta Rosa
escribir de hermanos quemando ciudades?


Fuera del tiempo. Premio de internacional de poesía Odón Betanzos 2008. Diputación de Huelva. Francisca Gata

Fuera del tiempo. Premio de internacional de poesía Odón Betanzos 2008. Diputación de Huelva. Francisca Gata

Yo quiero ser la de antes de los muertos

y sus obligaciones redactadas

bajo la luna vieja. Muertos con memoria

de mi memoria, vencedores de esta batalla.

Ésa quiero ser, la drogadicta de besos

e ignorancia. Pasión tan bien nutrida.

Problema sin problemas.

Ésa quiero ser yo,

egoísta de mi alma. Querida más deseada,

sin esta lástima,

sin la espada del tiempo frente a mí.

Sin tanta caricatura de la muerte

cuando hay vida.

Lo afirmo, lo rubrico:

yo quiero ser la extravagante niña de mis ojos.

Desterrados. Ediciones Vitruvio. Poesía. Francisca Gata Amate.

Desterrados. Ediciones Vitruvio. Poesía. Francisca Gata Amate.

Qué veneno tan dulce me dieras si el amanecer

me ofreciese tus escombros a puñados

y recuperáramos el tiempo de corceles lascivos,

de afiladas uñas, de afiladas palabras.

Si al partir tú, yo aguardara tu llegada

lamiendo el horizonte poblado con tus huellas

y el vuelo de tu alma fresca.

Hoy es ese día en el que la vejez

se sienta a nuestra mesa y nos deshace

sin apiadarse del miedo de todos los rincones.

Ambos vencidos, desterrados de la rutina de vivir

y soñar en este decorado de papel

que ya se quiebra.

Y quiero hablar contigo sin ser joven,

desolada mi saliva

y mi espalda que fuera tuya, que te perteneció,

como tu augusto cuello y tu mirada verde

fuera la propiedad que, yo soldado,

más protegiera.

Tenemos en nuestro lecho lo rotundo

de las grietas. Esa indolencia del abrazo sin fuerzas.

En nuestro lecho, en nuestra mesa,

en nuestro hormiguero pisoteado.

Estamos muertos.

Desterrados. Ediciones Vitruvio. Poesía. Francisca Gata Amate.

Desterrados. Ediciones Vitruvio. Poesía. Francisca Gata Amate.

La sortija tenía una piedra roja,

tal vez un rubí.

Tal vez era falsa, tal vez robada.

La muchacha la mostraba secretamente

entre los pliegues de un pañuelo y temblaban

sus manos

y el rubor coloreaba su penumbra.

Desgarrando sus labios las palabras.

La desesperación fijaba un precio y otro

y aquel hombre, su humo y su barriga,

pretendía otra joya,

en su coche quizás,

con las faldas levantadas.

Desterrados. Ediciones Vitruvio. Poesía. Francisca Gata Amate.

Desterrados. Ediciones Vitruvio. Poesía. Francisca Gata Amate.

Cruzan las tierras abandonando una mirada

con carreteras rojas,

lo que fuera de uso común, lo necesario,

mansamente abandonado, pájaros y trenes

y el pozo alerta.

Cruzan las tierras arrastrando

el ancla por todas las colinas,

los bosques y las casas sin dueño.

Atrás queda envilecido lo enterrado, la carne

y el griterío y el silencio. O las puertas

que el viento cierra y abre.

Las razas puras, contra las impuras,

encendiendo candelabros

por el luctuoso esperma. Virgos de ángeles

es todo el resplandor

que al agua conduce y a los templos les nacerá el otoño.

Los héroes se nutren del pavor

de los bultos en fuga y con sus vergas

ratifican la soledad. Estatuas sin ojos

serán los aliados en las  calles cercadas

por remolinos de fuego.

Cruzan las tierras en gesto de morir sin la muerte cercana

tragándose sus nombres,

aligerando la pesada carga.

Desterrados. Ediciones Vitruvio. Poesía. Francisca Gata Amate.

Desterrados. Ediciones Vitruvio. Poesía. Francisca Gata Amate.

Mientras todos los que tenemos algo

que perder, dormimos,

una generación de desahuciados

diezma las palomas del parque para nutrir

sus anocheceres.

Benditos nosotros.

Benditos

y miserables ilusos que nos creemos a salvo,

pensando que jamás consideraremos a las palomas

otra cosa que alegorías de la paz.

La noche del condenado. Francisca Gata Amate. Ediciones Vitrubio

La noche del condenado. Francisca Gata Amate. Ediciones Vitrubio

Tengo por libertad estas cadenas.

Tengo por libertad que tengo nudos

y un ancla ya oxidada para mi barco.

No hay otros cielos ni tierras, ni el espacio

reservado a todo hombre, ni el ángulo vital

de toda araña.

Llegado a este punto ni rezo ni comulgo

con la boca más blanca y más sedienta.

Rompo mis alas y desgasto mi tiempo.

Renuncio.

La gloria de vivir es un fruto podrido,

reducida a una apuesta con esos yacientes

que brindan por la noche con veneno.

No deseo los sueños ni este pálpito indigno

de saberme feliz si un pájaro

se acerca a defenderme, a traerme del viento

la garganta que aúlla y que refresca. No deseo

este absurdo que se complace en risas y en danzas

solitarias. Traicionado

me siento pues me ha crecido hierba en la mirada

y he de fingir que reniego del placer. Y he de llorar

sin alma y sin tristeza, con máscara de dolor

porque no duele.

Te apuesto mis recuerdos por tu ataúd sembrado

boca abajo, adentro, muy adentro,

sin salida, sin saliva, sin auxilio. Muy adentro.

De espaldas a la cruz

y a todas las montañas y a todos los caminos

y los ríos,

esos ríos que van sin detenerse,

desbordados de vida y de sangre

y de esperanzas.

Te apuesto mi estúpida pasión de payaso

fatigado,

con un destino muerto que no muere,

fantasma que a su pesar se rinde a la belleza. 

Fuera del tiempo. Premio de internacional de poesía Odón Betanzos 2008. Diputación de Huelva. Francisca Gata

Fuera del tiempo. Premio de internacional de poesía Odón Betanzos 2008. Diputación de Huelva. Francisca Gata

 

 

Quizás sea una galería de cadáveres,

pero hoy la vida tira de ti

y te ofrece sus labios porque la carne se transforme

en insólito misterio.

Mañana un mercado triste voceará mercancía

tan siniestra y  a precio de saldo, flores

y poemas. Entonces el corazón

se hallará dormido y solitario.

Pero hoy, calaveras más bellas

nunca vieras.  Jardín de jardines

a la sombra de las miradas que algún día no serán.

Arrebatado del miedo

por la gracia de esa corta eternidad,

aunque asumes  que un cadáver camina

entre cadáveres.

Asumes la humillación

después de la conquista.

Más perlas que tuvieras, más pagaras.

Y eres feliz ante la fuente del placer.

No hay más que esto. Te dice tu locura.

Fuera del tiempo. Premio de internacional de poesía Odón Betanzos 2008. Diputación de Huelva. Francisca Gata

Fuera del tiempo. Premio de internacional de poesía Odón Betanzos 2008. Diputación de Huelva. Francisca Gata

 

Aquí se urdió la historia, entre estos jardines

que el tiempo y sus siniestros ladrillos

han cubierto de extrañeza y de una podredumbre encanecida.

No dejó de esparcir sus plumas el verano

y el pájaro inquilino hizo de la noche

un parvulario de semillas y vientos.

Y el constante sonar de los portones.

Fuimos solo los niños atrapados por un reverso místico

y algo familiar,

el manso cristal para  la caricatura, una imagen

que asume la memoria,

que conquista su sitio, su bulevar, el leve tintineo,

el frágil hilo que me une a aquel cielo

y a aquella extremidad nunca desprendida.

Fósiles de susurros y risas en la siesta del padre.

Oscura pretensión el absurdo silencio.

Manaba el agua y en la charca los peces

nos decían adiós y luego regresaban  a por migas de pan

y a por luceros vencidos,

las trampas eran tan sabias y tan sin descanso.

De oro el hueco donde los gatos nos nacían.

Qué era aquello de amar si apenas caminábamos,

si pasión y razón volaban junto al polen.

Entre tu boca y el tronco del árbol

no pasaba la luna sin un beso,

sin inventar verdades, mintiendo por la alquimia.

Tejiendo laberintos la araña era más cómplice

que el agua que en tus labios gestara su extravío,

y ese calor rompía hasta en el vientre  donde a veces

ocultabas gorriones, como si solo en la hermosura

se encontrara el origen,

secreto de secretos con la justa manía del pecado

que obtuvo su riqueza de soñarte de lejos.

Y si hubo perdón quién lo pidiera

si no tenía más ropa que tus manos y no tenía pereza el exterminio

de esa castidad que sabe del destrozo de las rosas.

Y qué alimento otorgó la efigie del  tomillo a una mirada. 

Beso por beso, por cerrarme el deseo enumerando instantes de domingo

con el fuego y la lluvia,  noble lengua empapando el camino hacia ti.

Estaba la noche tibia de abejorros y de santos de alcobas

y penumbra y de muertos que las ventanas sorprendían

entre algodones.

Y la  canción del amo de las nubes y su traje de rayas

y el charol de sus pies siempre en la danza.

Cómo pesaba el roce de tu aliento,

la tintura especial de tu saliva.

Tu pecho entre amapolas convidando a dormir

como ancianos caballos, como animales exhaustos

consumiendo un calor ya sin olvido.

Nadie supo de eso de mirarnos, de acumular comienzos

en la sangre, de ser sombra o reflejo, tormenta

o un boceto  de paraíso y rama.

Nadie supo. La realidad cambiaba  siendo eterna.

Sombrilla sin papel en el diario. No hubo escarmiento,

aquel poema líquido floreció solo

y sentenció la fe y los años de ceguera.

Quién no guardase pena entre los dientes o las ingenuas horas

en aleteo de  lágrimas.   

Donde se urdió la historia se esculpió un doble fondo,

duele tanto escapar de la caricia.         

Despiece de la infancia. Diputación de Málaga. Poesía.

Despiece de la infancia. Diputación de Málaga. Poesía.

 

Un cuerpo muerto es una flor sin vida.

Mamá siempre sabía de esas cosas,

del paso de lo sólido a la esencia.

La muerte es abonar tierra marchita.

Papá partía nueces y escondía los ojos

por no mostrar la pena, la impotencia,

la desesperación.

El latigazo de la lástima.

Mamá sabía de muertos y de muerte.

Y cantaba ante la tumba de la abuela,

esparciendo los pétalos y ahuyentando

moscas y chicharras.

Y de pronto sonreía y hasta olía a jazmín.

 Yo me echaba en la tumba,

  midiéndome por ver cuánto había de crecer

  para estar a la altura de la muerte.

Despiece de la infancia. Diputación de Málaga. Poesía.

Despiece de la infancia. Diputación de Málaga. Poesía.

 

Delante me llevaba papá en la bici,

el perro corría a nuestro lado para alcanzarnos

o para no perdernos, ladraba y parecía sonreír

y parecía estar iluminado y ser tan sólo

un sueño de la infancia.

Yo reía y papá cantaba en mi oído

y me daba besos y era

como si anduvieran gorriones por mi cara.

 

Había cesado la lluvia y el sol se decidió a erigir su imperio

calentando el aroma de la tarde.

Muy lejana se veía la casa y muy sola

y muy hermosa rodeada por nuestros árboles

domésticos.

 

Y a mamá la imaginábamos con flores en los brazos

y con un vestido rojo con más flores.

 

Pedaleaba papá con la pasión de atragantarse de distancia,

sólo por verlo de cerca, acaso tocarlo,

si eso se pudiera,

si no hubiera una ley tácita de admirar y no tocar,

de admirar y sentirlo muy adentro,

por no destrozar  el espejismo.

 

Y ya muy cerca se detuvo y se detuvo el perro

y ese vértigo del viento sobre el rostro,

de haber hecho un camino entre la hierba húmeda,

de haber hallado el nido y su nacimiento:

es el arco iris,  exclamó, y qué poco

ha de durar esta belleza.

Y alcé las manos a lo alto y lo toqué.

Y fue mío.

Y continuó allí como un tatuaje del cielo.

Y no sabía papá si acariciarme a mí, al perro,

al arco iris

o llorar por lo efímero de esa maravilla. 

Despiece de la infancia. Diputación de Málaga. Poesía.

Despiece de la infancia. Diputación de Málaga. Poesía.

Era delicia esas muchachas

que se bañaban, desnudas como el mismo agua.

Y de allí surgían  más hermosas

y más alegres,

descubierta la gracia de la vida, su lujuria,

por el río.

Y fueran, más que carne, arroyos frescos,

niebla y música.

Las espiabas desde tu atalaya,

detrás del gran árbol

y te sentías un dios ansiando la suavidad

y su contagio desde ese cielo vil e inocente.

Un niño con un solo destino.

Y te llamaban para que las acompañaras

en su desnudez

y te cerraban la boca con cerezas y besos,

y repasaban tu cuerpo diminuto

con la seda de sus manos

y se reían ante las ascuas de tus ojos.

Y te acercaban a sus pechos

y allí, entonces lo aprendiste,

nacía la primavera.

Y allí dormías como un animalillo

exhausto y feliz.

Despiece de la infancia. Diputación de Málaga. Poesía.

Despiece de la infancia. Diputación de Málaga. Poesía.

 

No conozco más eternidad que la de los campos,

nada tan infinito, en tanto sosiego,

con tanto trino luminoso.

 

Sólo la mansedumbre del viento,

ya es tesoro.

El secreto que un hombre se llevaría a la tumba,

como los ojos del horizonte o la pulpa de la mañana.

 

Nací y soy el anómalo habitante de este óleo.

Suspiro en soledad. Siento el hechizo.

Bebo sus aguas, curo mi lepra y demás heridas.

Curo de ausencias y de lo importante.

 

La intemperie me acoge con sus alas.

 

Y sé que la tierra es el cielo de las nubes,

de los pájaros, del clamor de los árboles

y de este hombre en andamios

aún indescifrable.

 

Y el corazón agradece ser la sombra

que todo laberinto se construye.

Sombra y vida.

Girasol que se busca en la transparencia.

 

Y el corazón me ladra que a sólo  un paisaje

pertenezco.

 

Contengo esos ladridos y soy tan inmortal

como este sueño.

Despiece de la infancia. Diputación de Málaga. Poesía.

Despiece de la infancia. Diputación de Málaga. Poesía.

 

Tenías entre tus manos

tan pequeños recuerdos.

El mar era uno de ellos,

su gorjeo al escanciar las olas

que desfallecían a tus pies,

sacudiéndose el azul,

palideciendo.

 

El mar en el corazón.

La soledad en el corazón.

El mar y la pureza.

Y ese suspiro.

 

Y corrías descalzo espantando otras vidas.

Y espantando algo de la muerte.

 

Reteniendo el perfume,

la sorpresa del reflujo cálido

que  sabías gemelo de tu alma de niño.

Despiece de la infancia. Diputación de Málaga. Poesía.

Despiece de la infancia. Diputación de Málaga. Poesía.

(La ilustración es de Lola Catalá)

Cogías a puñados las almendras,

las olivas negras,

las cerezas.

Un trozo de pan, cortado

con premura.

Todo en esa mochila donde a veces

temblaba el perro.

Y partías muy lejos,

al perdido rincón de aquel jardín.

Sobrevivías en una trinchera

entre los lirios, muy cerca del agua

y muy lejos de Dios y de los hombres.

Una semilla necesitaba soledad

y eso eras con las piernas pequeñas

y las manos pequeñas

y la boca repleta de cerezas.

La tarde escanciaba ante tus ojos

su jarra de silencio.

Cine negro. Ediciones Vitruvio. Poesía.

Cine negro. Ediciones Vitruvio. Poesía.

PHILIP MARLOWE

A la luz de la lámpara el detective mostraba un color verde preocupante.

Philip sabía comportarse  en la leyenda

y ellos lo habían adivinado de antemano,

antes de subir hasta aquel despacho, más cerca de las nubes

que del infierno. Qué me dice ¿Contamos con usted?

No asimilaba los dedos con uñas tan largas en un hombre

ni esa risa de conejo asustado, tampoco el pañuelo alrededor

de su  cuello, aunque la ansiedad era sincera.

Un mayordomo y su señor pretendían que husmeara en la basura

de un político singular, despreciado por todos,

menos por su mamá y ese desaparecido amante,

de rizos negros en una fotografía pasada.

Liberar el oro de la paja y, sin aspavientos. The End sin titulares.

Un brandy largo abrió el grifo del señorito y el mayordomo

se apresuró a consolarlo con un cigarrillo.

Philip  no entendía esa clase de amor. Una rubia era una rubia y un hombre,

un mentón susceptible de ser partido en una pelea.

Alguien en quien puedes confiar una sola vez en tu vida.

O ni siquiera eso.  Lágrimas  como aquellas le venían grandes

como las camisas de su portero.

Se sentía viejo para aprender a jugar con otras cartas.

El muchacho realizaba florituras con sus manos

al explicarle el abandono y la desaparición de su bailarín,

por culpa del político corrupto y celoso. Artie impresionó el momento

con su contrabajo en esa casa de putas rutilantes

de la noche. La ruleta giraba vertiginosa, apostó

a que aquel muchacho le mancharía de mocos

cuando le dijera: que bien, que buscaría, que recibirían

sus noticias, pero que la ciudad era muy grande.

Más brandy, esta vez con un brindis dulzón como una orquídea.

El mayordomo se limitó a cabecear feliz. Después desaparecieron

amo y criado, abandonando un aroma a comida cara en el despacho.

Si le contara a Mona tal vez se riera o tal vez le apeteciera

desplazar allí sus largas piernas para bailar sobre el escritorio.

Ahora Artie  con Benny  Goodman al clarinete.

El amor está en todas partes. De la bragueta al corazón

hay un paso, como de la cabeza a esa joya finamente tallada

que las mujeres utilizan de arma mortal. Y esta noche

el K.O. me llegará por una paliza de Mona, sí, seguramente.

La brisa agitaba las cortinas cuando Philip Marlowe marcó

el número de siempre.  

Cine negro. Ediciones Vitruvio. Poesía.

Cine negro. Ediciones Vitruvio. Poesía.

Más borracho imposible, muerto de amor, anónima mi melancolía,

paisaje de moscas muertas en mi copa,

en la misma habitación de hotel en la que alguna vez

destrocé tus medias y fui el rey de tu ropa interior.

Un lazo de humo baila en mis pupilas

junto a una lágrima de acero y rencor, absurda

en un hombre como yo que revendió su alma.

Fuera los árboles muestran formas femeninas

sin la magia de tus ojos, mi abrazo de aire dirigido a ti,

a tu marido gordo y tu hijo enano,

nacido tras catorce horas sin pensar en mí.

Mi jaula se halla lejos de tu extraña vivienda,

muy lejos yo entonces,  sin tu llamada,

y ahora recibo a la chica de la limpieza

con toallas en sus manos

y una sonrisa de arboleda a estas horas de la noche,

muerto de amor,

lo sabes, por ti  y por tu televisión por cable en torno a mi cuello.

Leo una carta, escrita  en este lugar erigido

en un camino del infierno, habla de ti,

de tu sexo de ángel paridor, adúltero, conductor homicida. Eres la bella

que destroza mis trajes,

la que me insulta con su voz de madre alegre. Borracho

como cuando te conocí, mucho más pesado mi asco,

mucha más repleta mi memoria,

con el faro de tus ojos de perra

compartida. La chica de las toallas me da fuego

y su cuerpo es  una bendición en la noche del condenado.     

 

 

"Antón pirulero" Antología de juegos de la infancia.

"Antón pirulero" Antología de juegos de la infancia.

Presentación de "Antón pirulero"

Presentación de "Antón pirulero"

http://www.museodelnino.es/acto-expo_libro2/presentacion.htm